Tejados de Ancares

El valle de Ancares ocupa la esquina noroeste de la provincia de León, en España, a dos pasos de Asturias y de Galicia. Junto con otras comarcas cercanas forma parte de la Reserva de la Biosfera de los Ancares leoneses, ejemplos de lo que ha dado en llamarse la “España vaciada”, con una de las densidades de población más bajas de la provincia de León. Muchas de las construcciones cuyos tejados aparecen en las fotografías están deshabitadas. Aún así, constituyen interesantes muestras de arquitectura tradicional, que ha utilizado siempre los materiales de los que podía disponerse en las cercanías, y que en la zona son, sobre todo, la madera de roble y las pizarras.

Penoselo nos ofrece su estampa característica de pueblo colgado sobre los bancales de una boscosa ladera

La arquitectura popular resiste en Burbia donde vemos chimeneas, corredores, portones o bocallaves tradicionales

Las formas y colores de estas cubiertas tradicionales, sobre todo las que conservan las viejas y gruesas losas de tosca pizarra, que acumulan tiempo, musgo y liquen, me han atraído siempre. Especialmente, por la plasticidad de sus chimeneas troncopiramidales y troncocónicas, ejemplos de sabiduría tradicional y de cariño aplicados a la arquitectura cotidiana. Aún hoy pueden verse muchas de ellas, antiguas, restauradas o nuevas, pero respetando esas formas ancestrales, rematando muchas casas del Bierzo Alto. En la actualidad, en las cercanías se extrae pizarra con la que se fabrican lajas para tejados, aunque el encanto de las nuevas cubiertas se aleja mucho del que tenían esas techumbres antiguas.

Rosal, tejado de pizarra y chimenea tradicional. Sorbeira disemina sus viejas casas entre huertas y castaños.
Antiguas losas y cumbrero tradiconal en Cariseda, diminuto y casi despoblado núcleo del hermoso valle de Fornela.

Las fotos que forman este reportaje están tomadas durante la segunda semana de junio del año 2020. La comunión entre naturaleza y arquitectura, la combinación de los colores primaverales de piornos, brezos y genistas con las formas y texturas de las pizarras nos ofrecen un pintoresco espectáculo.

En Suárbol, uno de los pueblos más bellos de estos valles, destacan su iglesia y sus casonas de piedra
Palloza en Balouta. Flores frescas y cubierta de paja de centeno.

En Balouta perviven aún algunas pallozas, construcciones cubiertas con paja (palla, de ahí su nombre) de centeno, y donde antaño convivían las familias y su ganado, separados por una estructura de tablas que no llegaba al techo, aprovechando así el calor que emanaba de los animales. Formas de vida desaparecidas, que nos han dejado la plasticidad de esos tejados que las cubrían.

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