Viaje al otro

Hace dos semanas que el mundo ha estado enfrentando un grave problema respiratorio. Falta el aire. Para uno, para muchos. Y en este caso, ya no se debe al nuevo coronavirus, como puede estar imaginando, sino a un antiguo virus conocido por todos: el prejuicio.

En el primer artículo que escribí para este blog, hace casi dos meses, para presentar un tema muy pertinente en ese momento, el viaje hacia uno mismo, cuando enfrentábamos los desafíos del aislamiento social, abordé el tema del viaje hacia el otro, mencionado en un foro del Máster en Periodismo de Viajes que estoy cursando. No puedo ver un momento más oportuno que este para rescatar el tema y profundizar la discusión.

La muerte del afroamericano George Floyd, de 46 años, el 25 de mayo de 2020, en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos, que ocurrió después de que un policía se arrodilló sobre su cuello y lo asfixió, conmocionó al planeta.

Una ola de protestas contra el racismo corrió por las calles estadounidenses y, del país para el mundo, esta tragedia hizo que cada ser humano, en su unidad física o jurídica, reflexionara sobre el asunto. Veintiún segundos de silencio fue el tiempo que el primer ministro canadiense necesitó para comenzar su discurso sobre el caso, en el que, además de mostrar una profunda consternación, advirtió que el país también tiene sus desafíos que enfrentar en lo que toca la injusticia y la diferencia de tratamientos.

En el mismo discurso, Justin Trudeau habló sobre unir a las personas, y eso me trajo de vuelta a mi texto y al tema de la empatía.

Caracterizada por un cambio de perspectiva, cuando el individuo se pone en el lugar del otro y es capaz de reconocer, comprender y reproducir las emociones de los demás, la empatía es un canal de conexión con el próximo y solo es posible a través de la ausencia de juicio.

(Wikipedia)

Ser empático, para mí, es dejar de ser nosotros y convertirnos en la otra persona. Es ver con los ojos del otro, pensar con la cabeza del otro, sentir con el corazón del otro, desde el contexto en que el otro está insertado. La ausencia de juicio ocurre a través de una mente abierta, sin preconcepciones, para evitar cualquier sesgo que pueda condicionar la experiencia.

Este viaje al otro puede ser la clave para evitar muchas actitudes negativas. Vivimos hoy en una sociedad extremista, en la que la tolerancia a la diversidad ha sido cada vez más irrespetada; discusiones sobre oposiciones políticas, religiosas, deportivas, discriminación debido a la sexualidad, nacionalidad, etnia, clase social, necesidades especiales… Es necesario entender que las diferencias no pueden legitimar la desigualdad y una buena práctica para evitar comportamientos sesgados es colocarse en el lugar del otro. No se trata de hacer con el otro lo que te gustaría que te hicieran, sino de hacer con el otro lo que él gustaría que hicieran con él.

Un gran amigo viajero repite una frase constantemente en nuestras conversaciones. Es una frase que encaja varias veces en diferentes momentos: cada punto de vista es la vista de un punto. Al buscar el origen de esa frase, encontré algo aún más grande y muy sabio. El texto es de Leonardo Boff, teólogo, escritor, filósofo y profesor universitario brasileño:

“Leer significa releer y comprender. Cada uno lee con los ojos que tiene. E interpreta desde donde pisan sus pies. Cada punto de vista es la vista de un punto. Para entender cómo alguien lee, es necesario saber cómo son sus ojos y cuál es su visión del mundo. Esto hace que la lectura sea siempre una relectura. La cabeza piensa desde donde pisan los pies. Para comprenderlo es esencial conocer el lugar social de la persona que mira. Vale la pena decir: cómo vive alguien, con quién vive, qué experiencia tiene, con qué trabaja, qué deseos alimenta, cómo asume los dramas de la vida y de la muerte y qué esperanzas lo animan. Esto hace que la comprensión sea siempre una interpretación. Por lo tanto, es evidente que cada lector es siempre un coautor. Porque cada uno lee y relee con los ojos que tiene. Porque comprende e interpreta desde el mundo que habita”.

Que seamos lectores empáticos, que, incluso si elegimos diferentes caminos, tenemos la capacidad de respetar las elecciones de los demás, porque mientras el ser humano no aprenda a coexistir con diferencias, el aire seguirá faltando; mientras las personas no viajen al otro, el prejuicio continuará sofocándo.

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