Destacar también a las mujeres viajeras

Café Viajero: Cristina Morató [apuntes]

Cristina Morató es periodista, reportera y escritora, algunas de sus obras más conocidas son: Divas Rebeldes y Las Reinas de África: Viajeras y Exploradoras por el Continente Negro. 

La primera pregunta que recibe en esta cápsula es ¿por qué escribir sobre mujeres viajeras? A lo que ella responde: “el interés surge por mi desconocimiento”, refiriéndose entonces a que en librerías es fácil encontrar textos de grandes exploradores como Burton y Livingstone pero que no ocurría lo mismo si de algún texto con voz femenina se tratara. 

Luego de su primer cuestionamiento al respecto, comenzó a investigar y descubrió que había muchas mujeres, sobre todo en la Época Victoriana (1837-1901) que decidieron recorrer lugares que hasta ese entonces no habían sido descubiertos, a pesar de que el mundo entero se pusiera en su contra; y arriesgando también su seguridad.

Casi 2 años después, con la información recabada, Morató escribe su primer libro: “Viajeras Intrépidas y Aventureras”. A continuación siguió centrándose en las viajeras que recorrieron el continente africano y en las esposas de los aventureros. En la misma línea, continuó escribiendo sobre las mujeres que recorrieron Oriente durante el siglo XIX.

“Las damas más importantes de la exploración surgen en su mayoría el siglo XIX”, señala. Se habla de la Época Victoriana, periodo en el cual la mujer es invisibilizada, no tiene derechos, pero a pesar de eso, quieren recorrer el mundo, salir de sus casas, levantar estudios. Para Cristina estas “figuras resultan casi subversivas […] reciben todo tipo de críticas y se las ridiculiza por su atuendo, en los medios de comunicación”. Menciona además, que lo más terrible es que se considera a las mujeres que viajan solas unas inmorales, marimachos, inclusive. “Son mujeres que tuvieron que enfrentarse a todos estos prejuicios de su época, pero consiguieron hacer sus sueños realidad. Son muy valientes y son nuestras pioneras”, enfatizó.

Para escribir, sobre todo se debe comenzar por investigar, la periodista recomienda recurrir a los diarios y a las cartas.

Viajeras nombradas: 

Menciona los diarios de viaje como fuente imprescindible, y recomienda también a veces recurrir a biografías, pero siendo conscientes de que éstas son más bien subjetivas (porque siempre se tiende a pensar que estas mujeres tuvieron algo de locura y excentricidad). 

Mujeres pioneras que ensancharon los horizontes y han dejado libros maravillosos sobre sus aventuras”. Son un aporte porque tienen una mirada muy peculiar, estas mujeres consideraron que lo que hacían era muy natural. “La humildad y sencillez las aparta de la literatura masculina de viajes”. Pero también, es importante recordar a estas viajeras porque se debe recuperar la mirada femenina, y de las esposas de los exploradores, para entender cómo eran esos lugares (África, Oriente, etc.) y tener así, dos perspectivas que se complementan.

“Sobre los prejuicios […] lo más grave es pensar que no existieron”, que estas mujeres eran una tropa de excéntricas que viajaron porque se aburrían, cuando en realidad, “fueron mujeres muy valientes, que se tuvieron que enfrentar a su propia familia, que eligieron un camino muy difícil y sobre todo, un camino sin retorno”. Finalmente, demostraron ser pioneras de la antropología actual, de la biología, primeros estudios etnográficos entre tribus y “su aportación ha sido muy importante, no anecdótica”.

Lo que hay en común para las viajeras de ayer y de hoy es que el viaje sigue siendo una escuela de conocimiento, una escuela de vida. Se viaja para aprender, entrar en contacto con otra gente, culturas, y sobre todo, “para conocernos también a nosotras mismas”. 

“Es importante viajar porque amplía horizontes, te hace más solidario y nunca vuelves siendo el mismo”, también señala que ha aprendido que vive en un mundo privilegiado donde no le falta nada y concluye, “ha sido una gran escuela el viaje para mi”.

“Mi mejor viaje, el que todavía no he hecho”, el que siempre está por hacer puede ser el mejor viaje (señala la Antártida como su asignatura pendiente). 

“No me gusta hablar del peor viaje, porque de todos los viajes en general guardo un buen recuerdo y creo, a fin de cuentas, que valió la pena probarlo”.

Cristina comenta una anécdota que le ocurrió en Patagonia, Argentina cuando era muy joven y trabajaba como periodista: un hacendado se enamoró de ella y tuvo que “escapar” (esta anécdota la rescata en el libro “El peor viaje de nuestras vidas”).

Lo que no tiene que faltar nunca en un viaje para Cristina es la buena actitud, viajar con humildad, sencillez, entendiendo que uno es la persona que va de visita e intentar tener tiempo, no mirar el reloj. Poder convivir con la gente, olvidarse del regreso y vivir plenamente lo que es la vida diaria.

La diferencia entre turista y viajero para ella no es tan relevante y no le gusta demasiado porque le resulta muy clasista. 

Pese a que admite que no le gusta dar consejos, comenta que si realmente nos gusta viajar “lo hagamos sin miedo, porque realmente […] si se va con actitud positiva y ganas de vivir, de convivir con la gente, sobre todo de manera respetuosa y sin perder el sentido del humor […] el viaje tiene un final feliz”.

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